Los niños pequeños suelen sentirse abrumados por sus emociones. La marioneta les proporciona la distancia necesaria. No es el niño quien está «enfadado», sino la marioneta. Al proyectar la emoción en el muñeco, el niño puede observarla, comprenderla y calmarla.

1. El tiempo del corazón: ritual matutino
El concepto: expresar con palabras el estado interior nada más llegar.
Desarrollo: El adulto maneja la marioneta, que imita una emoción (tristeza, alegría, miedo). Los niños deben adivinar: «¡Gaston está triste!». La marioneta explica el motivo, lo que anima a los niños a hablar.
Material recomendado: marionetas humanas de 65 cm (Living Puppets) por su realismo.

2. El devorador de enfados: Vuelta a la calma
El concepto: materializar la ira para deshacerse de ella.
Desarrollo: El niño dibuja su enfado o lo coge con la mano («una bola de fuego imaginaria»). Lo lanza a la gran boca de la marioneta, que se lo traga haciendo ruido («¡Ñam, ñam!»). ¡El enfado ha desaparecido!
Material recomendado: Los monstruos de colores (Toffel, Mo, etc.).

3. El guardián del sueño Siesta
El concepto: garantizar la seguridad a la hora de dormirse.
Desarrollo: Esta marioneta es «sagrada» y solo sale a la hora de la siesta. Solo habla en voz baja y se acerca a cada niño en su colchón para darle un poco de «polvo de sueños» o un beso de mariposa.
Material recomendado: un búho o un oso (Folkmanis) por su suavidad.
💡 El consejo del experto: «La respiración»
Para tranquilizar a un grupo, tu marioneta debe «respirar». Aunque esté inmóvil, mueve la mano muy suavemente para simular que la caja torácica se eleva. Este ritmo tranquilo se transmitirá a los niños por imitación.
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